18 de julio. Mes de las Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo. Sábado de la XV Semana del Tiempo Ordinario. Hoy hace 90 años comenzaba la guerra civil española.
Felicidades a los que se llaman Federico, Sinforosa, Crescente, Julián, Nemesio, Primitivo, Justino, Estacteo, Eugenio, Arnulfo, Bruno, Domingo Nicolás, Emiliano, Filastrio, Gundena, Materno, Rufilo y Teodosia.
Salmo
No te olvides de los humildes, Señor
Evangelio de hoy
Lectura del santo evangelio según san Mateo (12,14-21):
En aquel tiempo, los fariseos planearon el modo de acabar con Jesús. Pero Jesús se enteró, se marchó de allí, y muchos le siguieron. Él los curó a todos, mandándoles que no lo descubrieran. Así se cumplió lo que dijo el profeta Isaías: «Mirad a mi siervo, mi elegido, mi amado, mi predilecto. Sobre él he puesto mi espíritu para que anuncie el derecho a las naciones. No porfiará, no gritará, no voceará por las calles. La caña cascada no la quebrará, el pábilo vacilante no lo apagará, hasta implantar el derecho; en su nombre esperarán las naciones.»
Palabra del Señor
San Federico de Utrecht. En Utrecht, ciudad de Güeldres, en Austrasia, san Federico, obispo, que, ilustre por sus conocimientos sobre las Sagradas Escrituras, se dedicó incansablemente a la evangelización de los frisones. (s. IX)
Santa Sinforosa e hijos. En la vía Tiburtina, a nueve miliarios de la ciudad de Roma, conmemoración de los santos Sinforosa y sus siete hijos mártires: Crescente, Julián, Nemesio, Primitivo, Justino, Estacteo y Eugenio, todos mártires, que padecieron de diversos modos el sufrimiento que los hermanó en Cristo (s. III/ IV).
San Arnulfo de Metz, obispo, consejero de Dagoberto, rey de Austrasia, cargo al que renunció para abrazar la vida eremítica en los Vosgos. (s. VII).
San Bruno de Segni, obispo, que trabajó intensamente en la reforma de la Iglesia, por lo que tuvo que sufrir mucho y se vio incluso obligado a dejar su diócesis, encontrando refugio en Montecasino, monasterio del que fue abad durante un tiempo. (s. XII).
Santo Domingo Nicolás Dinh Dat, mártir, que, siendo soldado, le forzaron a renunciar a la fe cristiana, consiguiendo, después de crueles tormentos, que pisase una cruz, pero inmediatamente se arrepintió y, devuelto lo que había recibido por apostatar, escribió al emperador Minh Mang pidiéndole que le juzgasen de nuevo como cristiano que era, a causa de lo cual murió estrangulado. (s. XIX).
San Emiliano de Doróstoro, mártir, que despreciando los edictos de Juliano el Apóstata y las amenazas de su vicario Catulino, derrumbó el altar de los ídolos para impedir los sacrificios, por lo que fue arrojado a un horno ardiente, alcanzando así la palma del martirio. (s. IV).
San Filastrio de Brescia, obispo, cuya vida y muerte alabó su sucesor san Gaudencio. (s. IV).
Santa Gundena de Cartago, virgen y mártir, (s. IV).
San Materno de Milán, obispo, que, alcanzada la paz de la Iglesia, trasladó con gran solemnidad desde Lodi a esta ciudad los cuerpos de los mártires Nabor y Félix (s. IV).
San Rufilo de Forlimpopoli, obispo, que parece haber sido el primero que gobernó esta Iglesia, desde la que ganó para Cristo a la gente de los alrededores (s. V).
Santa Teodosia de Constantinopla, monja, que sufrió el martirio por oponerse a que se tirase, como había ordenado el emperador León Isáurico, una imagen de Cristo desde lo alto de la llamada Puerta de Bronce (s. VIII).




