Santoral del 19 de agosto. Juan, Andrés, Bartolomé, Bertulfo, Calminio, Donato, Ezequiel, Luis, Magín, Magno, Sebaldo, Sixto y Timoteo.

    19 de agosto. Mes dedicado a la devoción al Inmaculado Corazón de María. Martes de la XX Semana del Tiempo Ordinario.

    Felicidades a los que se llaman Juan, Andrés, Bartolomé, Bertulfo, Calminio, Donato, Ezequiel, Luis, Magín, Magno, Sebaldo, Sixto y Timoteo.


    Salmo

    El Señor anuncia la paz a su pueblo


    Evangelio de hoy

    Lectura del santo evangelio según san Mateo (19,23-30):

    En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Os aseguro que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos. Lo repito: Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja que a un rico entrar en el reino de Dios.»
    Al oírlo, los discípulos dijeron espantados: «Entonces, ¿quién puede salvarse?»
    Jesús se les quedó mirando y les dijo: «Para los hombres es imposible; pero Dios lo puede todo.»
    Entonces le dijo Pedro: «Pues nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué nos va a tocar?»
    Jesús les dijo: «Os aseguro: cuando llegue la renovación, y el Hijo del hombre se siente en el trono de su gloria, también vosotros, los que me habéis seguido, os sentaréis en doce tronos para regir a las doce tribus de Israel. El que por mí deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, mujer, hijos o tierras, recibirá cien veces más y heredará la vida eterna. Muchos primeros serán últimos y muchos últimos serán primeros.»

    Palabra del Señor


    San Juan Eudes, presbítero, que durante muchos años se dedicó a la predicación en las parroquias y después fundó la Congregación de Jesús y María, para la formación de los sacerdotes en los seminarios, y otra de religiosas de Nuestra Señora de la Caridad, para fortalecer en la vida cristiana a las mujeres arrepentidas. Fomentó de una manera especial la devoción a los Sagrados Corazones de Jesús y de María, hasta que en Caen, de la región de Normandía, en Francia, descansó piadosamente en el Señor. (s. XVII)

    San Andrés de Cilicia y compañeros. En Cilicia, san Andrés, tribuno, y sus compañeros soldados, que, según la tradición, habiendo logrado con la ayuda divina una victoria sobre los persas, se convirtieron a la fe de Cristo y, acusados de ser cristianos, en tiempo del emperador Maximiliano recibieron una muerte cruel en los desfiladeros del monte Tauro, a manos del ejército del prefecto Seleuco (s. IV).

    San Bartolomé de Simero, presbítero y abad, que, después de haber abrazado la vida eremítica, fundó un monasterio para los griegos. (s. XII).

    San Bertulfo de Bobbio, abad, sucesor de san Atalo en el gobierno del mismo cenobio. (s. VII).

    San Calminio.

    San Donato de Sisteron, presbítero, del que se dice que llevó vida de anacoreta durante largos años (s. VI).

    San Ezequiel Moreno Díaz, obispo de Pasto, en Colombia, de la Orden de los Recoletos de San Agustín, que trabajó y, por anunciar el Evangelio, dio su vida tanto en las Islas Filipinas como en América del Sur. (s. XX).

    San Luis de Brignoles, obispo. Sobrino del rey san Luis, prefirió la pobreza evangélica a las alabanzas y honores del mundo, y joven en años, pero maduro en virtud, fue elevado a la sede de Tolosa. Debido a su delicada salud, descansó piadosamente en el Señor. (s. XIII).

    San Magín de Tarragona mártir.

    San Magno de Aviñón mártir.

    San Sebaldo de Nüremberg eremita. (s. X).

    San Sixto III papa, que restableció la concordia entre el Patriarcado de Antioquía y el de Alejandría, y en la Ciudad eterna erigió para el pueblo de Dios la basílica de Santa María, en el monte Esquilino. (s. V).

    San Timoteo de Gaza, mártir, que en la persecución realizada por el emperador Diocleciano y el prefecto Urbano, después de sufrir victoriosamente muchos tormentos, fue quemado a fuego lento (s. IV).