Santoral del 2 de abril. Francisco de Paula, Abundio, Alfiano, Diego Luis, Domingo, Eustasio, Juan, María, Nicecio, Teodora y Víctor.

    2 de abril. Miércoles de la IV Semana de Cuaresma

    Hoy felicitamos a los bautizados como: Francisco de Paula, Abundio, Alfiano, Diego Luis, Domingo, Eustasio, Juan, María, Nicecio, Teodora y Víctor.


    Salmo

    El Señor es clemente y misericordioso


    Evangelio de hoy

    Lectura del santo evangelio según san Juan (5,17-30):

    EN aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos:
    «Mi Padre sigue actuando, y yo también actúo».
    Por eso los judíos tenían más ganas de matarlo: porque no solo quebrantaba el sábado, sino también llamaba a Dios Padre suyo, haciéndose igual a Dios.
    Jesús tomó la palabra y les dijo:
    «En verdad, en verdad os digo: el Hijo no puede hacer nada por su cuenta sino lo que viere hacer al Padre. Lo que hace este, eso mismo hace también el Hijo, pues el Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que él hace, y le mostrará obras mayores que esta, para vuestro asombro.
    Lo mismo que el Padre resucita a los muertos y les da vida, así también el Hijo da vida a los que quiere.
    Porque el Padre no juzga a nadie, sino que ha confiado al Hijo todo el juicio, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que lo envió.
    En verdad, en verdad os digo: quien escucha mi palabra y cree al que me envió posee la vida eterna y no incurre en juicio, sino que ha pasado ya de la muerte a la vida.
    En verdad, en verdad os digo: llega la hora, y ya está aquí, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que hayan oído vivirán.
    Porque, igual que el Padre tiene vida en sí mismo, así ha dado también al Hijo tener vida en sí mismo. Y le ha dado potestad de juzgar, porque es el Hijo del hombre.
    No os sorprenda esto, porque viene la hora en que los que están en el sepulcro oirán su voz: los que hayan hecho el bien saldrán a una resurrección de vida; los que hayan hecho el mal, a una resurrección de juicio.
    Yo no puedo hacer nada por mí mismo; según le oigo, juzgo, y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió».

    Palabra del Señor


    San Francisco de Paula, ermitaño, fundador de la Orden de los Mínimos en Calabria, prescribiendo a sus discípulos que viviesen de limosnas, no teniendo propiedad ni manipulando dinero, y que utilizasen sólo alimentos cuaresmales. Llamado a Francia por el rey Luis XI, le asistió en el lecho de muerte, y célebre por la austeridad de vida, murió a su vez en Plessis-les-Tours, junto a Tours. (s. XVI)

    San Abundio obispo de Como, que enviado a Constantinopla por san León Magno, defendió allí con celo la fe ortodoxa. (s. V)

    San Affiano o Anfiano mártir, que, como se obligase al pueblo a sacrificar públicamente a los dioses en tiempo del emperador Maximino, se acercó intrépido al prefecto Urbano y, cogiéndole por el brazo, quiso impedir el rito, por lo cual le prendieron fuego con los pies envueltos en lino empapado con aceite y, respirando aún, fue arrojado al mar por los soldados. (s. IV)

    San Diego Luis de San Vitores mártir. En el pueblo de Tomhom, de la isla de Guam, en Oceanía, beatos mártires Diego Luis de San Vitores, presbítero de la Compañía de Jesús, y Pedro Calungsod, catequista, que fueron cruelmente precipitados al mar, en odio a la fe cristiana, por algunos apóstatas y nativos seguidores del paganismo. (s. XVII)

    Santo Domingo Tuoc presbítero de la Orden de Predicadores y mártir en tiempo del emperador Minh Mang en Vietnam. (s. XIX)

    San Eustasio abad, discípulo de san Columbano, que fue padre de casi seiscientos monjes. (s. VII)

    San Juan Payne presbítero y mártir, que en tiempo de la reina Isabel I fue ahorcado, acusado falsamente de sedición. (s. XVI)

    Santa María Egipcíaca, célebre pecadora de Alejandría, se la compara con María Magdalena, que por la intercesión de la Bienaventurada Virgen se convirtió a Dios en la Ciudad Santa, y llevó una vida penitente y solitaria a la otra orilla del Jordán (s. V)

    San Nicecio obispo de Lyon que se distinguió por su dedicación a los pobres y su benignidad para con los sencillos, estableciendo en esta Iglesia la norma de cantar salmos. (s. VI)

    Santa Teodora virgen y mártir que,por haber saludado a los confesores de la fe que estaban de pie ante el tribunal, rogándoles que al llegar ante el Señor se acordasen de ella, fue detenida por los soldados y llevada al mismo prefecto, y por mandato de éste fue torturada con acerbos tormentos y arrojada finalmente al mar. (s. IV)

    San Víctor obispo de Capua, conspicuo por su erudición y santidad. (s. VI)