Santoral del 20 de julio. Elías, Apolinar, Aurelio, José Barsabás, José María, María, Marina, Pablo, Pedro, Vulmaro y Xi.

    20 de julio. Mes de la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo. Lunes de la XVI Semana del Tiempo Ordinario.

    Felicidades a los que se llaman Elías, Apolinar, Aurelio, José Barsabás, José María, María, Marina, Pablo, Pedro, Vulmaro y Xi.


    Salmo

    Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios


    Evangelio de hoy

    Lectura del santo evangelio según san Mateo (12,38-42):

    En aquel tiempo, algunos de los escribas y fariseos dijeron a Jesús: «Maestro, queremos ver un signo tuyo.»
    Él les contestó: «Esta generación perversa y adúltera exige un signo; pero no se le dará más signo que el del profeta Jonás. Tres días y tres noches estuvo Jonás en el vientre del cetáceo; pues tres días y tres noches estará el Hijo del hombre en el seno de la tierra. Cuando juzguen a esta generación, los hombres de Nínive se alzarán y harán que la condenen, porque ellos se convirtieron con la predicación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás. Cuando juzguen a esta generación, la reina del Sur se levantará y hará que la condenen, porque ella vino desde los confines de la tierra, para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón.»

    Palabra del Señor


    San Elías profeta. Conmemoración de san Elías Tesbita, profeta del Señor en tiempo de Ajab y Ococías, reyes de Israel, que defendió los derechos del único Dios ante el pueblo infiel a su Señor, con tal valor que prefiguró no sólo a Juan Bautista sino al mismo Cristo. No dejó oráculos escritos, pero se le ha recordado siempre fielmente, sobre todo en el Monte Carmelo.

    San Apolinar de Rávena, obispo y mártir, que al mismo tiempo que propagaba entre los gentiles las insondables riquezas de Cristo, iba delante de sus ovejas como buen pastor, y es tradición que honró con su ilustre martirio a la iglesia de Classe, cerca de Rávena, en la vía Flaminia, pasando al banquete eterno el día veintitrés de julio (s. II).

    San Aurelio de Cartago, obispo, firmísimo pilar de la Iglesia, que trabajó para que sus fieles no se dejasen arrastrar por las reinantes costumbres paganas y puso su sede episcopal en el mismo lugar donde existía un simulacro de la diosa Celeste. (s. V).

    San José Bársabas el Justo, discípulo de Cristo, que, junto con san Matías, los seguidores del Señor presentaron a ambos ante los apóstoles para que uno de ellos desempeñase la misión apostólica en sustitución de Judas, pero aunque la suerte recayó en Matías, no obstante ello también sirvió al Señor con su predicación y con su santidad. (s. I).

    San José María Díaz Sanjurjo, obispo, de la Orden de Predicadores y mártir, que durante la persecución ordenada por el emperador Tu Duc en el sudeste asiático, fue condenado a muerte en odio a la fe cristiana. (s. XIX).

    Santa María Fu Guilin, maestra y mártir en China, que durante la misma persecución fue entregada a los enemigos del Evangelio, siendo decapitada mientras invocaba a nuestro Salvador Jesucristo. (s. XX).

    Santa Marina o Margarita de Antioquía de Pisidia, que es tradición que consagró su cuerpo a Cristo con su virginidad y con su martirio.

    San Pablo de Córdoba, diácono y mártir, que, aleccionado con el ejemplo y la palabra de san Sisenando, no temió echar en cara a príncipes y dignatarios sarracenos la falsedad de su culto, por lo que murió confesando a Cristo como verdadero Dios. (s. IX).

    San Pedro Zhou Rixin, mártir en China, quien durante la citada persecución afirmó ante el prefecto, que se lo exigía, que no podía abjurar de Dios Creador del mundo, por lo que fue decapitado. (s. XX).

    San Vulmaro de Boulogne, presbítero, que siendo humilde pastor con un gran interés por instruirse, adquirió una buena formación y fue ordenado sacerdote, viviendo como los antiguos padres del desierto y, más tarde, en Hautmont, del Hainaut, en los bosques de su patria, fundó dos monasterios: uno de monjes y otro de vírgenes. (s. VII).

    San Xi Guizi, mártir en China, que cuando aún no era más que catecúmeno, ante una multitud alborotada se confesó cristiano, siendo bautizado con la sangre que brotaba de sus heridas. (s. XX).