25 de abril. Viernes de la Octava de Pascua. San Marcos evangelista.
Hoy felicitamos con motivo de su onomástica quien lleve por nombre: Marcos, Aniano, Clarencio, Erminio, Esteban, Febadio, Franca, Pasícrates, Valencio y Pedro.
Salmo
La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular
Evangelio de hoy
Lectura del santo evangelio según san Juan (21,1-14):
EN aquel tiempo, Jesús se apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Y se apareció de esta manera:
Estaban juntos Simón Pedro, Tomás, apodado el Mellizo; Natanael, el de Caná de Galilea; los Zebedeos y otros dos discípulos suyos.
Simón Pedro les dice:
«Me voy a pescar».
Ellos contestan:
«Vamos también nosotros contigo».
Salieron y se embarcaron; y aquella noche no cogieron nada. Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús.
Jesús les dice:
«Muchachos, ¿tenéis pescado?».
Ellos contestaron:
«No».
Él les dice:
«Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis».
La echaron, y no podían sacarla, por la multitud de peces. Y aquel discípulo a quien Jesús amaba le dice a Pedro:
«Es el Señor».
Al oír que era el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua. Los demás discípulos se acercaron en la barca, porque no distaban de tierra más que unos doscientos codos, remolcando la red con los peces. Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan.
Jesús les dice:
«Traed de los peces que acabáis de coger».
Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y aunque eran tantos, no se rompió la red.
Jesús les dice:
«Vamos, almorzad».
Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor.
Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado.
Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos después de resucitar de entre los muertos.
Palabra del Señor
San Pedro de Betancur religioso de la Tercera Orden de San Francisco, que, bajo el patrocinio de Nuestra Señora de Belén, se entregó ejemplarmente a cuidar a huérfanos, mendigos, enfermos, jóvenes abandonados sin formación, peregrinos y también a condenados a trabajos forzados. (s. XVII)
San Marcos evangelista, que en primer lugar siguió a san Pablo, en Jerusalén, en el trabajo apostólico, y más adelante siguió los pasos de san Pedro, que lo llama su hijo. Se dice que su evangelio recogió la catequesis de Pedro a los romanos y que fue el que instituyó la Iglesia de Alejandría (s. I).
San Aniano obispo de Alejandría, en Egipto, que, como narra Eusebio, desde el octavo año de Nerón fue el primer sucesor de san Marcos en el episcopado de esa ciudad, que gobernó durante veintidós años, y que fue un hombre de Dios y admirable en su comportamiento. (s. I).
San Clarencio obispo de Vienne, en Burgundia (s. VII).
Santo Erminio abad y obispo de Lobbes, que sucedió a san Usmaro y se distinguió por su vida de oración y por su espíritu de profecía. (s. VIII).
San Esteban de Antioquía obispo y mártir, que sufrió por parte de los herejes que rechazaban el Concilio de Calcedonia, y en tiempo del emperador Zenón murió al ser arrojado al río Orontes. (s. V).
San Febadio obispo, que escribió un libro contra los arrianos y protegió a su grey de la herejía. (s. IV).
Santa Franca abadesa, que ingresó en la Orden Cisterciense y pasaba las noches en oración ante Dios. (s. XIII).
Santos Pasícrates y Valencio, mártires, que, por confesar a Cristo como único Dios, sometieron decididos sus cuellos a la espada. En Dorostoro, Mesia (hoy Rumanía) (s. IV).




























