3 de febrero. Mes dedicado a la Sagrada Familia. Martes de la IV Semana del Tiempo Ordinario.
Hoy el santo más característico es san Blas, en muchos pueblos se celebra una fiesta muy parecida a nuestro Jueves Lardero y hay un refrán que dice: “Por san Blas las cigüeñas verás” es decir que ya va abriendo el tiempo, se alargan los días y entramos en un clima más suave.
Felicitamos a los bautizados con el nombre: Blas, Óscar, Adelino, Azarías, Berlinda, Celerino, Leonio, Lupicinio, María, Olivia, Tigrido y Wereburga.
Salmo
Te alabarán, Señor, los que te buscan
Evangelio de hoy
Lectura del santo evangelio según san Marcos (5,21-43):
En aquel tiempo, Jesús atravesó de nuevo en barca a la otra orilla, se le reunió mucha gente a su alrededor, y se quedó junto al lago. Se acercó un jefe de la sinagoga, que se llamaba Jairo, y, al verlo, se echó a sus pies, rogándole con insistencia: «Mi niña está en las últimas; ven, pon las manos sobre ella, para que se cure y viva.»
Jesús se fue con él, acompañado de mucha gente que lo apretujaba. Había una mujer que padecía flujos de sangre desde hacía doce años. Muchos médicos la habían sometido a toda clase de tratamientos, y se había gastado en eso toda su fortuna; pero, en vez de mejorar, se había puesto peor. Oyó hablar de Jesús y, acercándose por detrás, entre la gente, le tocó el manto, pensando que con sólo tocarle el vestido curaría. Inmediatamente se secó la fuente de sus hemorragias, y notó que su cuerpo estaba curado.
Jesús, notando que había salido fuerza de él, se volvió en seguida, en medio de la gente, preguntando: «¿Quién me ha tocado el manto?»
Los discípulos le contestaron: «Ves como te apretuja la gente y preguntas: «¿Quién me ha tocado?»»
Él seguía mirando alrededor, para ver quién había sido. La mujer se acercó asustada y temblorosa, al comprender lo que había pasado, se le echó a los pies y le confesó todo.
Él le dijo: «Hija, tu fe te ha curado. Vete en paz y con salud.»
Todavía estaba hablando, cuando llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle: «Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al maestro?»
Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga: «No temas; basta que tengas fe.»
No permitió que lo acompañara nadie, más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Llegaron a casa del jefe de la sinagoga y encontró el alboroto de los que lloraban y se lamentaban a gritos.
Entró y les dijo: «¿Qué estrépito y qué lloros son éstos? La niña no está muerta, está dormida.»
Se reían de él. Pero él los echó fuera a todos y, con el padre y la madre de la niña y sus acompañantes, entró donde estaba la niña, la cogió de la mano y le djo: «Talitha qumi» (que significa: «Contigo hablo, niña, levántate»).
La niña se puso en pie inmediatamente y echó a andar; tenía doce años. Y se quedaron viendo visiones. Les insistió en que nadie se enterase; y les dijo que dieran de comer a la niña.
Palabra del Señor
San Blas obispo y mártir que, por ser cristiano, padeció en tiempo del emperador Licinio en la ciudad de Sebaste, en Armenia. (s. IV)
San Óscar o Ansgario, obispo de Hamburgo y después también de Brema, en Sajonia, el cual, siendo monje del monasterio de Corbie, fue designado por el papa Gregorio IV como legado para todas las tierras del norte de Europa, anunciando el Evangelio a grandes multitudes de Dinamarca y Suecia y consolidando allí la Iglesia de Cristo. Después de superar con ánimo invicto muchas dificultades, desgastado por sus trabajos murió en Brema. (s. IX)
San Adelino de Celle presbítero y abad (s. VII)
Santo Profeta Azarías, hijo de Oded, que en 963 A.C. ayudó a Asá al instarlo a "buscar a Yaveh". Como resultado, el rey hizo quitar “las cosas repugnantes” de toda la tierra y consiguió que el pueblo entrara en un pacto, de modo que “a cualquiera que no buscara a Yaveh el Dios de Israel se le diera muerte”. (2Cr 15:1-15.)
Santa Berlinda de Meerbeke virgen, que se distinguió en esa ciudad por su vida religiosa de pobreza y caridad (s IX-X).
San Celerino de Cartago lector y mártir, que confesó denodadamente a Cristo en la cárcel, entre azotes, cadenas y otros suplicios, siguiendo las huellas de su abuela Celerina, anteriormente coronada por el martirio, y de sus tíos Lorenzo, paterno, e Ignacio, materno, los cuales, habiendo servido en campamentos militares, llegaron a ser soldados de Dios, obteniendo del Señor palmas y coronas con su gloriosa pasión (s. III).
San Leonio de Poitiers presbítero, que fue discípulo de san Hilario (s. IV).
San Lupicino de Lyon obispo, que vivió en la época de la persecución bajo los vándalos (s. V ex.).
Santa María de San Ignacio Thévenet virgen, quien, movida por la caridad y con ánimo esforzado, fundó la Congregación de las Hermanas de Jesús y María, para la formación espiritual de las jóvenes, especialmente las de condición humilde. (s. XIX)
Santa Olivia virgen y mártir
San Tigrido obispo
Santa Wereburga de Chester abadesa de Ely, que fundó varios monasterios. (s. VIII)





























