8 de marzo, III Domingo de Cuaresma.
Hoy nutrido y curioso santoral. Felicidades a los bautizados con los nombres de los siguientes santos: Juan de Dios, Dutaco, Esteban, Félix, Humfrido, Litifredo, Poncio, Provino, Senano, Teofilacto y Veremundo.
Salmo
Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor:
«No endurezcáis vuestro corazón.»
Evangelio de hoy
Lectura del santo evangelio según san Juan (4,5-42):
En aquel tiempo, llegó Jesús a un pueblo de Samaria llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José; allí estaba el manantial de Jacob. Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al manantial. Era alrededor del mediodía.
Llega una mujer de Samaria a sacar agua, y Jesús le dice: «Dame de beber.» Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida.
La samaritana le dice: «¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?» Porque los judíos no se tratan con los samaritanos.
Jesús le contestó: «Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú, y él te daría agua viva.»
La mujer le dice: «Señor, si no tienes cubo, y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas agua viva?; ¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?»
Jesús le contestó: «El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna.»
La mujer le dice: «Señor, dame de esa agua así no tendré más sed ni tendré que venir aquí a sacarla.»
Él le dice: «Anda, llama a tu marido y vuelve.»
La mujer le contesta: «No tengo marido».
Jesús le dice: «Tienes razón que no tienes marido; has tenido ya cinco y el de ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad.»
La mujer le dijo: «Señor, veo que tú eres un profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte, y vosotros decís que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén.»
Jesús le dice: «Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén daréis culto al Padre. Vosotros dais culto a uno que no conocéis; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que le den culto así Dios es espíritu, y los que le dan culto deben hacerlo en espíritu y verdad.»
La mujer le dice: «Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga, él nos lo dirá todo.»
Jesús le dice: «Soy yo, el que habla contigo.»
En aquel pueblo muchos creyeron en él. Así, cuando llegaron a verlo los samaritanos, le rogaban que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días. Todavía creyeron muchos más por su predicación, y decían a la mujer: «Ya no creemos por lo que tú dices; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del mundo.»
Palabra del Señor
San Juan de Dios religioso, nacido en Portugal, que después de una vida llena de peligros en la milicia humana, prestó ayuda con constante caridad a los necesitados y enfermos en un hospital fundado por él, y se asoció compañeros, con los cuales constituyó después la Orden de Hospitalarios de San Juan de Dios. En este día, en la ciudad de Granada, en España, pasó al eterno descanso. (s. XVI)
San Dutaco obispo de Ross (Escocia) (s. XI)
San Esteban de Obazina primer abad de este monasterio, que, buscando a Dios, unió a la Orden Cisterciense los tres monasterios que había fundado. (s. XII)
San Félix de Domnoc obispo, el cual, oriundo de Burgundia, evangelizó a los ingleses orientales sometidos a la autoridad del rey Sigeberto (s. VII)
San Humfrido obispo de Thérouanne, que al ser destruida la ciudad por los normandos, procuró infatigablemente congregar y consolar a su grey. (s. IX)
San Litifredo obispo de Pavía (s. IX)
San Poncio de Cartago diácono de san Cipriano, al que acompañó en el destierro hasta la muerte, dejando un valioso volumen sobre su vida y pasión (s. III)
San Provino de Como obispo, fiel discípulo de san Ambrosio, que preservó de la herejía arriana a la Iglesia que se le había encomendado (s. V)
San Senano abad en la isla de Cathaig (Scattery, Irlanda) (s. VI)
San Teofilacto obispo de Nicomedia, que desterrado por defender el culto de las sagradas imágenes, falleció en Estróbilo de Caria (s. IX)
San Veremundo abad de Hirache (Navarra), el cual, habiendo abrazado desde joven la vida monástica, estimuló a sus monjes a buscar la perfección con su ejemplo y con ayunos y vigilias. (s. XI)




