“Sin fe y sin cultura” de Benito Cantero 

Cuando, el joven Ortega escribía: “…El poder educador de las religiones, su energía socializadora, ha cumplido su tiempo: no puede esperarse de ellas una renovación del hombre […] la edad moderna ha traído nuevas virtudes […] virtudes laicas” (“La cuestión moral” 1908), no sabemos si sospechaba que la ulterior postcultura conseguiría instalar un mundo liberado de Dios, y por ende una cultura a la que le sobra. 

Los aplaudidos valores laicos no precisan del peso cultural del cristianismo que, como señaló T. S. Eliot hizo de Europa lo que es. Estamos ante una nueva cultura que ha llevado a una profunda crisis de la educación. Una cultura relativista que impera en Occidente.

Si en un momento se reivindicó la importancia y necesidad de unas élites intelectuales (aristocracia socialista) y una adecuada gestión de la excelencia, el panorama actual se ha tornado en una desintegración de estructuras básicas; el modelo familiar (padre-colega), el modelo educativo (pedagogos postmodernos, profesor-colega), del reemplazo de la “cultura” del esfuerzo por la de la imagen,  el empoderamiento del Estado protector/tutor que ha implantado una especulación educativa para que la ideología tome las aulas, la atomización del conocimiento consecuencia del nacionalismo postmoderno, el desplazamiento de la ciencia por la ideología, la transformación de la educación en un foro de clientelismo para la mediocridad y trampolín laboral y/o político.

Este panorama afecta profunda y negativamente a quienes se intenta educar y a los propios educadores, a una sociedad sobre la que se ha acomodado la impunidad de la ignorancia, que ha sido modelada en analfabeta funcional; en suma, una degradación social que podrá minar los cimientos democráticos, ya que el fracaso de la educación conlleva el fracaso de la democracia.

 Sin fe y sin cultura ya estamos.

Benito Cantero Ruiz. Catedrático de Geografía e Historia y Doctor en Antropología

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