Señores párrocos, señor presidente y miembros de la Junta de
Cofradías de nuestra Semana Santa, Señora alcaldesa, miembros de la
Corporación Municipal, señora directora y miembros de la banda de
música, amigos y vecinos. Gracias a todos por hacer posible este acto.
Antes de comenzar este pregón permitidme que traslade mi
agradecimiento al presidente y miembros de la Junta de Cofradías, por
haberme hecho merecedora del honor de pregonar la Semana Santa de
Socuéllamos, mi pueblo, en este año 2024. Y lo agradezco de corazón,
lo digo con sentimiento y emoción pues para mí es un gran orgullo.
También, como no, el hecho de formar parte de esa lista ya tan extensa
de personas que me han precedido en el mismo. Quiero tener un
recuerdo muy afectuoso para todos ellos, en especial para nuestro
primer pregonero, Eugenio Carrasco Medina, por el que siempre sentí
un cariño especial y al que familiarmente nos unía una grata amistad.
Digo que es un gran honor, pero también una gran
responsabilidad. Hace ya casi siete años me cupo también la honra de
pregonar la feria y fiestas en honor a nuestro patrón el Cristo de la Vega.
Eran momentos de alegría, de ilusión, en una palabra, de fiesta. Pero,
ahora, es distinta la celebración. Aunque, si lo pensamos bien, no es tan
diferente, pues celebramos la Pasión y Muerte de Nuestro Señor
Jesucristo, pero también la alegría y el gozo de su Resurrección y lo que
esto representa para la vida de los cristianos.
Para entender todo este misterio hay que aprenderlo y vivirlo
desde la más tierna infancia, imbuido en la educación que recibíamos en
la escuela y en el seno familiar y social. Yo siempre he vivido, desde
niña, estas fechas con esa ilusión y esa esperanza, que me inculcaron.
Presumo, además, de tener tres sacerdotes en mi familia, mi tío abuelo
Teófilo San Andrés Roldán, durante años sacerdote en Villarrobledo y
mis primos Ángel Sevilla Panadero, muy querido y recordado en toda la
zona conquense de Haro, y David Sevilla González, Capellán castrense,
y que lo fue entre otras, de las tropas españolas que estuvieron
desplazadas en Afganistán.
Nos disponemos a celebrar en los próximos días la
conmemoración cristiana de la pasión de Cristo, es decir, la entrada en
Jerusalén, la última cena, el viacrucis, su muerte y su resurrección.

Para entender todo este misterio es necesaria la lectura que de
ello se nos transmite en los evangelios, pudiendo recorrer así los últimos
días de Jesús entre nosotros.
Comienza la Semana Santa con el Domingo de Ramos, con la
entrada de Jesús triunfante en Jerusalén, recibido por todos aquellos
que a su paso exclamaban “Hosanna al hijo de David, bendito el que
viene en nombre del Señor”. Pero claro, esto exasperaba a los fariseos,
máxime cuando iba curando a ciegos y a paralíticos.
Es en la tarde del martes cuando Jesús predice su Pasión, y dice a
sus discípulos, “Ya sabéis que la Pascua tiene lugar dentro de dos días,
entonces será entregado el Hijo del Hombre para ser crucificado”.
Y así fue. Los sumos sacerdotes, los escribas y los más ancianos
de la ciudad se reunieron en el atrio de Caifás y tomaron la
determinación de prenderle para darle muerte. Y Judas Iscariote, uno de
sus doce apóstoles dijo a los sacerdotes ¿qué me daréis si os lo
entrego? Le ofrecieron treinta monedas de plata y se cerró el trato.
Era el primer día de los ácimos en el cual era necesario sacrificar
el cordero pascual, es nuestro Jueves Santo. Jesús envía a la ciudad a
dos de sus discípulos, Pedro y Juan, diciéndoles, Id y preparadnos lo
necesario para la Pascua. Al entrar en la ciudad encontrareis un hombre
que lleva un cántaro de agua, seguidle hasta la casa en que entre y
decid al señor de ella: el maestro nos envía a decirte: Voy a celebrar la
Pascua en tu casa con mis discípulos, y al punto os mostrara una gran
sala, preparad allí lo necesario.
Por la tarde, Jesús se puso a la mesa con los doce apóstoles y les
dijo: Deseo celebrar con vosotros esta Pascua antes de mi Pasión, pues
os aseguro que ya no la comeré otra vez hasta que esto tenga su
cumplimiento en el reino de Dios. Y levantándose de la mesa, echó agua
en un lebrillo y comenzó a lavar los pies a sus discípulos y a secarlos. Y
una vez que hubo terminado les dijo: ¿comprendéis lo que he hecho con
vosotros? Pues si yo que soy el Maestro os he lavado los pies también
vosotros debéis lavarlos los unos a los otros pues yo os he dado
ejemplo.
Sentados de nuevo a la mesa tomó Jesús el pan, dando gracias, lo
partió y lo dio a sus discípulos diciendo “Tomad y comed este es mi
cuerpo, el cual se da por vosotros. Lo mismo hizo con el cáliz “Bebed
todos de él porque está es mi sangre, la cual será derramada por

vosotros y por muchos para la remisión de los pecados”. Instituyendo así
la Eucaristía y el Orden Sacerdotal. Después dijo, “mirad que la mano
del que me hace traición está conmigo en la mesa”. “En verdad os digo
que uno de vosotros me entregará”. Entonces, Juan preguntó, Señor
¿quién es?, y contestó, es aquel a quien yo daré pan mojado y mojando
un trozo de pan se lo dio a Judas Iscariote, y este dijo ¿soy yo quizá
Maestro? Y Jesús respondió, Sí, tú eres, lo que has de hacer hazlo
pronto.
Jesús se dirigió entonces al Monte de los Olivos donde solía
retirarse para hacer oración. Y pasado un tiempo llegó Judas Iscariote
con los soldados, y le dijo: “Maestro, Dios te guarde”, y le besó”. Él
contestó: “con un beso haces traición al hijo del hombre”.
Como sabía lo que iba a suceder se adelantó diciéndoles ¿a quién
buscáis?, respondieron: a Jesús de Nazaret. Yo soy, entonces le ataron
las manos y le prendieron llevándolo a la casa de Caifás donde los
escribas y los ancianos estaban congregados, y como no hallaron
testimonio contra Jesús para condenarle a muerte, le preguntó: ¿no
respondes nada a los cargos que estos te hacen?, Jesús no respondió.
Simón Pedro, entró con él en casa de Caifás, y siendo interpelado
por alguno de los circunstantes, declaró tres veces consecutivas y aún
con juramento, que no conocía a Jesús y lleno de dolor y
arrepentimiento salió fuera y lloró amargamente. Al amanecer de
nuestro Viernes Santo, Jesús fue entregado por los príncipes de los
sacerdotes ante el gobernador Pilatos.
Judas viendo que Jesús ya no se libraría de sus enemigos se
arrepintió, restituyó el dinero de la traición y se ahorcó.
Pilatos, que había interpelado a Jesús, dijo a los judíos que no
encontraba delito alguno en él, pero los sacerdotes seguían acusándole
diciendo que tenía alborotado al pueblo con la doctrina que iba
predicando, y como por la Pascua se solía librar a algún preso a
elección del pueblo, estando en la cárcel Barrabas que había cometido
un homicidio, preguntó Pilatos al pueblo que a quién querían que
pusiera en libertad, si a Jesús o a Barrabas, pues bien sabía él que lo
habían entregado por envidia, pero el pueblo, azuzado por los
sacerdotes y los ancianos, pidieron que a Barrabas.
Por lo que Jesús fue azotado y cubierto con un manto grana y
coronado de espinas, fue sentenciado a muerte, el pueblo pedía que le

crucificaran. Cargó su cruz y caminó hacia el Calvario donde fue
crucificado.
José de Arimatea pidió a Pilatos que le entregase el cuerpo de
Jesús para darle sepultura, a lo que este accedió, siendo amortajado
con lienzos y envuelto en especies aromáticas, tal y como daban
sepultura los judíos.
Durante nuestro Sábado Santo, conmemoramos la estancia de
Jesús en el sepulcro y su descenso al abismo. Y el Domingo de
Resurrección o de Pascua, celebramos la resurrección de Jesús, su
vuelta a la vida.
Una vez que hemos expuesto, desde luego de una manera muy
rápida lo que fue la parte final de la vida de Cristo, creo, sin embargo,
que podemos extraer, de todos estos hechos algunos valores que
subyacen en ellos, tan necesarios para nuestra mejora personal y la
convivencia humana, por otra parte, tan olvidados en el mundo actual.
Por ello creo que deberíamos poner en práctica, sustentos en nuestra
vida, tales como el:
El AGRADECIMIENTO. Dios nos ha llenado de capacidades que
debemos utilizar no sólo para nuestro bien sino también para el de los
demás, y esto es algo que debemos agradecer continuamente pues se
nos ha dado de forma gratuita. Muchos de los discípulos y la gente que
le rodeaba le pagaron, por el contrario, con la envidia, conspiraron
contra él. Recordemos la negación de Pedro. Pero también que Jesús,
en esa Última Cena, instituyó el gesto de agradecimiento más glorioso,
el de la Eucaristía, palabra griega que significa Acción de Gracias.
La FIDELIDAD. Es la respuesta adecuada a una promesa, que
puede ser en forma de amistad y que debe de estar ahí por encima de
los cambios que uno pueda experimentar en la vida, nos realizamos
mediante el encuentro con los otros. ¿qué hizo Judas? El alma humana
está gobernada por flaquezas, por el orgullo, por miedos, por el apego a
la materialidad.
La RESPONSABILIDAD. Ser responsables es ser hombres de vida
interior, juiciosos y reflexivos, de ahí que debemos hacernos cargo de

nuestra propia identidad. Cabe preguntarnos ¿Algunos de los apóstoles
fueron responsables con sus actos?
La SOLIDARIDAD. Está presente cuando personas diferentes se
unen a unos mismos valores y apuestan por ellos, y lo hacen porque
saben que no son meros individuos independientes. Es un compromiso
que implica generosidad y participación, se opone por lo tanto al
egoísmo. No podemos, si Dios murió por todos, siendo generoso y
humilde, olvidar el sufrimiento de tantos y tantos inocentes que están
siendo destruidos por las hambrunas, las guerras, las miserias, el olvido,
su sacrificio también está representado en ellos. Junto a la sociedad del
bienestar existe también una sociedad del malestar que demanda
solidaridad y compasión. Cuando estas se aplican surge un sentimiento
que, como indicó Bergson “anuncia que la vida ha triunfado”.
La AUTENTICIDAD. El hombre debe aceptarse a sí mismo, acoger
su vida como un don, asumir una existencia y unas condiciones de vida
que hemos de ordenar poco a poco, con ayuda de nuestra inteligencia,
nuestra voluntad, nuestra ilusión o nuestra perspectiva de las cosas, de
este modo realizaremos nuestra vocación y nuestra misión en la vida,
incluso seremos honrados con nosotros mismos y con los demás.
Hemos de asentarnos en principios bien asumidos y bien pensados, con
la verdad y la justicia por delante, como hizo Jesús ante el Sanedrín.
La BONDAD, o inclinación a hacer el bien, a comportarnos
respetuosamente con los demás, a liberarnos de los prejuicios que nos
predisponen en contra de otros. A veces una sonrisa o una mirada
cariñosa es suficiente, es el ideal verdadero de nuestra realidad
personal. Jesús siempre ha mirado a todos.
Y ya dejo que todos ustedes añadan aquellos otros que consideren
más acertados.

Llegados a este punto, permitidme que me dirija a todos los
cofrades, representados por vosotros, los presidentes de las distintas
cofradías de nuestra Semana Santa. Nos disponemos a celebrar en los
próximos días, como ya lo venían haciendo los cristianos desde siglos, y
como ya he dicho, la pasión, la muerte y la resurrección de nuestro
Señor Jesucristo. Y lo vamos a hacer también de vuestra mano.
Las cofradías juegan, jugáis, un papel importantísimo, fundamental
en esta celebración, a través de ellas no sólo acompañamos a Jesús en
su pasión, sino que la vivimos, las lecturas son necesarias, primordiales,
pero las representaciones, creo que son convenientes.
Esas imágenes que sacáis a la calle, esa imaginería popular,
puede ser considerada como un elemento sobresaliente de la
religiosidad, creo que tiene una indudable función catequética y un
profundo significado en la vida religiosa de un pueblo. La fe debe
sembrarse como semilla y a ello puede servir el mundo de la cultura.
Quien no nos dice a nosotros que un determinado paso de Semana
Santa, de cualquiera de nuestras cofradías, no puede mover la fe en una
persona, si es así ha servido para mucho, no sólo para la contemplación
estética.
Es cierto que hoy día no podemos hacer comparaciones,
afortunadamente estamos muy lejos de ello, pero en la antigüedad estas
representaciones de la pasión, al igual que del nacimiento de Jesús,
eran el único medio que tenían la mayoría de los fieles de instruirse
religiosamente, recordemos los capiteles de los claustros, las puertas de
las iglesias, los arcos de sus portadas, jalonados con imágenes dirigidas
a todos aquellos que no sabían leer o no entendían las misas en latín.
Y si hoy tenemos en Socuéllamos esta notabilísima Semana Santa
es desde luego, por sus cofrades, pero también por esa historia y esa
tradición que estáis manteniendo y de la que sois depositarios.
Y esa historia es muy antigua.
Por la documentación que hemos manejado, sabemos que el 2 de
mayo de 1699, se tomaron cuentas a la cofradía de la “Sangre de
Cristo”, Alonso de Mena y Lucas Fernández, eran sus mayordomos en
ese momento. Por ellas sabemos que se había recogido dinero por los
paños y luces puestos en los entierros de los que no eran cofrades; por
la bacía que se llevaba en las procesiones; por los tres nuevos cofrades
que se habían hecho el año anterior y por la venta de 16 fanegas de
grano. Pero de la misma manera habían tenido gastos por el pago de los
derechos parroquiales; por las misas y sermones que se dijeron por los
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cofrades fallecidos; por la compra de un libro de actas y por las varas de
tafetán negro necesarias para la confección de su estandarte. Por todo
ello, y aunque no podemos fijar exactamente su fecha sí podemos
considerar que en el siglo XVII la cofradía ya estaba muy arraigada y
consolidada en Socuéllamos y que es una de las más antiguas que
existen actualmente en la Comunidad Castellano-Manchega.
Veinte años después, el 21 de septiembre de 1719 se nombraron
diputados para llevar las imágenes de Jesús Nazareno, la Virgen de la
Soledad y el Cristo. Luego, en este momento, ya acogía estas tres
imágenes.
Años más tarde, hacía 1770, sabemos por el Censo de Cofradías
que manda hacer el conde de Aranda, que su caudal consistía en el real
anual que se cobraba a cada cofrade y en el producto que se obtenía de
las rentas de dos tierras, con ello se costeaba la función del sermón de
disciplina y procesión del Jueves Santo.
Me gustaría que hiciéramos un ejercicio mental y nos
imagináramos estas procesiones por las calles de aquel Socuéllamos.
Máxime cuando 68 años después, en 1787, la situación en que nos
hallábamos era extrema, calles sin empedrar e inundadas cuando llovía,
riesgo continuo de atasque de carruajes, los cerdos y las vacas por las
calles andando a su antojo. Bueno, con el tiempo se le puso remedio¡¡
En 1911, la cofradía adquirió un grupo escultórico que
representaba un descendimiento, y que fue popularmente conocido
como los “Siete Santos”, creado por el escultor Pio Mollar, notable
imaginero valenciano. Destruido en la guerra Civil, dicen que era una
magnífica obra por su proporcionalidad, gravedad y teatralidad. Se
llevaba en andas con velas naturales por calles mal iluminadas y por
nazarenos mal organizados. Debía sobrecoger verlo desfilar en viernes
santo. De la importancia de este escultor nos da idea el que es también
creador de las imágenes de San Juan, de la Cofradía de la Clemencia
de Jaén o María Santísima del Rocío, de la Cofradía del Rocío de
Málaga, entre otras muchas.
Y de nuestra semana Santa de hace 100 años tenemos una
crónica del periódico “El Pueblo Manchego” en su edición de 21 de abril
de 1924. Por él sabemos que sólo se celebraban procesiones el jueves
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y viernes Santo. Que ese año salió por primera vez la cofradía de
soldados romanos, compuesta de unos 30 cofrades, que el jueves
daban guardia a todos los pasos que desfilaban y el viernes al Santo
Sepulcro; al salir y al llegar este a la iglesia la corneta tocaba la marcha
real y lo acompañaban dos filas de mujeres portando faroles. El
ayuntamiento pleno presidia las mismas y la banda municipal, dirigida
entonces por D. Antonio Segura, asistía a las procesiones tocando
numerosas marchas.
No quiero dejar de recordar lo que Elías Alcolea Jiménez escribía
en uno de sus amenos trabajos sobre nuestras costumbres y en
particular sobre la celebración de la Semana Santa, antes de los años
- Decía que los nazarenos llevaban la túnica hasta la rodilla formando
una bolsa en la cintura donde guardaban cacahuetes y garbanzos
tostados, que los comían durante la procesión yendo de tertulia unos
con otros y cada paso llevaba unos cuantos nazarenos que eran
relevados en lugares determinados.
El domingo de Resurrección se celebraba el Encuentro y debajo
del manto negro de María se ponían gran número de gorriones y
golondrinas, que no se sabe por qué razón, permanecían quietas hasta
el momento del Encuentro realizado delante del ayuntamiento, cuando
quitaban el manto a María y entre los acordes de la música, salían
volando.
Y es a partir de los años 40 cuando se reorganiza nuestra Semana
Santa y se amplía con nuevas cofradías, extendiéndose también, por
ello, los días de procesiones. Y todas muy acordes con la sucesión de
hechos de la semana santa.
En marzo de 1948, se funda la titulada como de la “Virgen de la
Soledad” que sale en procesión el sábado santo, el día de dolor y
tristeza por la muerte de Jesús. Es una imagen realizada en los talleres
de los artistas valencianos Román y Salvador y que fue donada por
Andrés Izquierdo Alcolea.
Este mismo año se funda también la del “Ecce Homo”, que
procesiona el miércoles Santo. Ecce Homo hace referencia a un pasaje
del evangelio de San Juan, en que se citan las palabras pronunciadas
por Pilatos cuando presentó a Jesús ante la muchedumbre con el manto
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púrpura y la corona de espinas, “He aquí el hombre”. Precisamente a
este pasaje hace referencia uno de sus pasos, el “Paso del Ecce Homo”,
realizado en los talleres del escultor socuellamino Santiago Lara Molina.
La esplendida imagen de la Virgen de los Dolores le acompaña, una de
las pocas copias que hay de la Dolorosa de Salzillo y que salió de los
talleres de los ya mencionados Román y Salvador. Por cierto, que a esta
imagen la conocemos también cariñosamente como “La Patatera”, ya
que Elías Alcolea la adquirió con el importe de una cosecha de patatas
que vendió.
También se funda este año la de “Jesús Nazareno”, que
procesiona, pero sin paso, lo que hace dos años más tarde, con una
bellísima imagen, a la que los socuellaminos besamos sus pies el primer
viernes de marzo de cada año. Esta imagen fue donada por la familia de
Celso Fernández y es muy similar a la que se venera en Madrid en la
Basílica de Jesús de Medinaceli. Desde hace unos años le acompaña la
espléndida imagen de la Virgen de la Esperanza, donada por la familia
Carrasco Alarcos, por lo que en la actualidad la conocemos como la de
“Nuestro Padre Jesús Nazareno y María Santísima de la Esperanza”.
Procesiona el Jueves Santo por la noche.
Dos años más tarde, en 1950, se funda la de los “Crucíferos de la
Caridad”. Desfila el martes santo realizando el Vía Crucis por las calles
del pueblo, recordando la Vía Dolorosa, el camino que recorrió Jesús
hasta el lugar de la crucifixión. Sobrecoge la cadencia del ruido de las
cadenas que llevan ligadas en sus tobillos y la de la cruz que arrastran
sobre sus hombros los cofrades.
Y no es ya sino hasta el último cuarto del siglo pasado, cuando se
fundan otras dos cofradías, en 1975, la de “Jesús del Calvario”, fundada
por Francisco del Amo Martínez y Juan José Carrasco Cuevas, que
procesiona el Miércoles Santo por la noche, junto con la del “Ecce
Homo” y que trata de recordarnos la oración de Jesús en el Huerto,
imponente paso que es portado por 18 costaleros. Y la de la “Piedad”,
que se funda en 1987 por la familia Montero. Procesiona también el
Jueves Santo por la noche y su paso es una imagen de la Piedad, obra
también del escultor Santiago Lara Molina. Impresiona en esta noche el
ritmo, el sonido y la majestuosidad de sus tambores y bombos que tañen
los propios nazarenos.
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Son en total siete cofradías que con sus pasos e imágenes nos
muestran el recorrido de la pasión de Cristo. Y desde luego, no
podemos olvidarnos, de sus costaleros y sus anderos, de las bandas de
tambores y cornetas, de la banda de música y otras agrupaciones
musicales, cuyos acordes las acompañan en su recorrido. No sería lo
mismo sin ellas. Tampoco las saetas, escucharlas encoge el alma.
Disculpadme que me haya extendido tanto con la cofradía de “La
Sangre de Cristo”, pero es que cerca de 400 años de historia dan para
mucho.
Os animo a que sigáis en ello, a pesar de las dificultades y
contratiempos que puedan surgir y del esfuerzo que entraña. Merece la
pena. Lo digo, porque yo tengo una corta experiencia, pero sé lo que
supone vivirla, haciendo el recorrido vestido de mantilla, vestida de
nazareno y en la presidencia de alguna de ellas durante mi corto tiempo
como concejal de nuestro ayuntamiento.
Además, todavía conservo la túnica de cofrade del Ecce Homo de
mi padre, y todavía recuerdo cómo perdí el miedo a los nazarenos, a sus
caras tapadas, mi padre que me llevaba siendo muy niña a ver las
procesiones, le gustaba verlas en el puente de la Arena, se ponía en el
lado de la calle por donde sabía que procesionaba su amigo Gregorio,
con la Sangre de Cristo, cuando llegaba a nuestro alcance me daba
caramelos ¡es Gregorio, no te asustes¡ y yo pensaba que igual ocurriría
con otros nazarenos y otros niños, por lo tanto no había nada que temer
y asunto resuelto.
Vivamos estos días con ilusión, con plena participación en todos
los actos religiosos, viviendo intensamente lo que suponen, con
esperanza, y sobre todo con fe.
Muchísimas gracias.





























