Hace unos días, la Real Archicofradía Santísimo Sacramento de Campo de Criptana conmemoraba el 200 aniversario de su fundación. En la celebración eucarística, presidida por Monseñor D. Abilio Martínez Varea, Obispo de Ciudad Real, y concelebrada por numerosos sacerdotes, llamaba la atención la gran cantidad de hombres engalanados con sobrios y elegantes trajes oscuros, camisa blanca y corbata. ¿Qué motivo tan importante justificaba esta vestimenta? Eran miembros de Hermandades, Cofradías y otros colectivos religiosos de la localidad que iban a acompañar en procesión a Jesús Sacramentado, Cuerpo de Cristo, Corpus Christi, por las calles de Campo de Criptana. El hábito no hace al monje, es verdad, pero en esta ocasión tan especial demostraban poner toda la carne en el asador, tirar la casa por la ventana… Respeto, decoro, valorar lo que llevaban entre manos, valorar lo que estaban haciendo, acompañar a Nuestro Señor.
Debemos distinguir entre “desfile” y “procesión”. Desfile: grupo de personas marchando en una ceremonia, celebración o protesta. A menudo se identifica con miembros de las fuerzas armadas, o con adultos disfrazados como en el caso de los carnavales. Desfilar también es un verbo que significa caminar o marchar ostentosamente. Procesión: acto de ir ordenadamente de un lugar a otro, participando muchas personas con propósitos solemnes y frecuentemente religiosos. Es una peregrinación que quiere manifestar un acto de fe. El Catecismo de la Iglesia Católica, en el nº 2132, nos recuerda que “el culto cristiano de las imágenes no es contrario al primer mandamiento, que prohíbe los ídolos…” No adoramos imágenes, sino que les damos una veneración respetuosa. La imagen no es presencia de Dios, pero sí trata de ilustrar o presentarnos algo más profundo: a Dios y lo que Dios ha hecho.
El símbolo que identifica a una Hermandad, Cofradía, movimiento religioso, es su Estandarte. Portar el Estandarte representativo en una Procesión, debe entenderse como un honor, hacer presente a quien representamos en la comitiva, entendiendo que no debemos utilizar esta ocasión en nuestro beneficio para ser protagonistas, para lucir nuestra presencia. La verdadera estrella es el Estandarte. El portador, conocedor del honor que se le ha asignado, debe vestir acorde con la circunstancia, sin olvidar que es un servidor anónimo, dando toda la importancia a lo que lleva entre sus manos. Ante todo, debe imperar el sentido religioso, sin dejar que nos influyan aspectos circunstanciales como la climatología, o la comodidad en la vestimenta, teniendo presente en todo momento que vamos en Procesión.
En ocasiones nos gusta imitar las cosas buenas que vemos en otros pueblos. Esta sería precisamente una de ellas. Tomemos nota.
Estandarte




























