“Santa Lucía” de Benito Cantero

Imagen de Santa Lucía en el retablo de la Iglesia de la Asunción. Foto del archivo de Socuéllamos 30 días.

Santa Lucía nació en 283 y falleció en 304 en Siracusa (Italia). En España se celebra su festividad el 13 de diciembre.

La Santa pertenecía a una rica familia de Siracusa. Aunque era cristiana, su madre Eutiquia, decidió entregarla en matrimonio a un joven pagano llamado Pacasio. Pasado no mucho tiempo, Eutiquia enfermó lo que la llevó a hacer peregrinación, junto a su hija Lucia, a Catania para rezar por su curación a Santa Águeda1. Sanada su madre la convence para repartir sus bienes entre los pobres, incluida la dote destinada a su ya malogrado proyecto de matrimonio.

Enterado el novio de lo que estaba ocurriendo, denunció a Lucía y la amenazó con prostituirla en un lupanar y otra clase de tormentos. Si bien, el martirio de Lucía no está atestiguado sino por relatos hagiográficos. Del primer martirio se libró ya que ni mil hombres, ni mil parejas de bueyes, tirando de la yunta a la que la ataron, pudieron moverla del sitio para llevarla lupanar. De esta forma, amontonaron leña a su alrededor para quemarla allí mismo, peo el fuero no le hacía ningún daño. Más bien, antes de morir profetizó su canonización y su patronazgo como protectora de Siracusa, junto con la caída de Diocleciano y Maximiano. Según el Martirium2 Lucía fue decapitada, en tanto que según la Passio latina3, fue martirizada por uno o varios golpes de espada.

Su  padre se dice que murió cuando Lucía era joven. Probablemente se llamaba Lucio, dada la costumbre romana de poner a las hijas el nombre del padre es invocada contra las enfermedades de los ojos.

Suele representarse con corona, palma, espada y ojos sobre un plato. Esta es la tradición que recogió Pedro de Ribadeneria4:

 “Tienen a esta preciosa virgen por abogada de la vista, y comúnmente la pintan con sus ojos en un plato [o copa] que tiene en sus manos. La causa de pintarla así la historia no la dice. […] Y así debemos tenerla gran devoción, no solamente para que nos guarde, por medio de sus oraciones, la vista corporal, sino mucho más para que alcancemos la espiritual y eterna”.

Otras leyendas relatan como fue la belleza de los ojos de Lucía la que no permitía descansar a uno de sus pretendientes, por lo que ella se los arrancó y se los envió. Lleno de remordimiento e impresionado por el valor de Lucía, el pretendiente se convirtió al cristianismo.  Otra leyenda, medieval, decía que cuando Lucía estaba en el tribunal, aun sin ojos, seguía viendo. Otra versión afirma que el procónsul Pascasio (su pretendiente) ordenó a sus soldados que le arrancaran los ojos a Lucía, pero luego de que lo hicieron, Dios le concedió unos nuevos ojos aún más hermosos que los que tenía antes.

Es patrona de los pobres, los ciegos, de los niños enfermos, de las ciudades, de los campesinos, electricistas, modistas, chóferes, fotógrafos, afiladores, cortadores, cristaleros, sastres, fontaneros y escritores.

En las imágenes devocionales aparece con el atributo de los ojos. En las escenas de carácter narrativo las representaciones no van más allá de lo transmitido por Jacobo de la Vorágine (La Leyenda Dorada), donde las más frecuentes son el reparto de los bienes a los pobres, su conducción al martirio, concretamente la imposibilidad de moverla, y su entierro.  /

Benito Cantero Ruiz. Catedrático de Geografía e Historia y Doctor en Antropología

  • 1 Santa Águeda de Catania fue una virgen y mártir del siglo iii. Se recurre a ella con los males de los pechos, partos difíciles y problemas con la lactancia. En general se la considera protectora de las mujeres. Es la patrona de las enfermeras y fue meritoria de la palma del martirio con la que se suele representar.
  • 2 Martyrium, en español, significa martirio, procede del griego y significa testimonio.
  • 3 Sufrimiento.
  • 4 1599 y 1601 aparecieron los dos volúmenes de su Flos sanctorum  o Libro de las vidas de los santos.

 

 

 

 

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