1 de junio. Mes del Sagrado Corazón de Jesús.
Felicidades a los que se llaman Justino, Luz, Aníbal María, Caprasio, Floro, Fortunato, Íñigo o Enecón, Isquirión, José, Próculo, Ronan, Simeón o Vistano.
Salmo: Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío
Lectura del santo evangelio según san Marcos (11,27-33):
En aquel tiempo, Jesús y los discípulos volvieron a Jerusalén y, mientras paseaba por el templo, se le acercaron los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos y le preguntaron: «¿Con qué autoridad haces esto? ¿Quién te ha dado semejante autoridad?»
Jesús les respondió: «Os voy a hacer una pregunta y, si me contestáis, os diré con qué autoridad hago esto: El bautismo de Juan ¿era cosa de Dios o de los hombres? Contestadme.»
Se pusieron a deliberar: «Si decimos que es de Dios, dirá: «¿Y por qué no le habéis creído?» Pero como digamos que es de los hombres…» (Temían a la gente, porque todo el mundo estaba convencido de que Juan era un profeta.)
Y respondieron a Jesús: «No sabemos.»
Jesús les replicó: «Pues tampoco yo os digo con qué autoridad hago esto.»
Palabra del Señor
San Justino mártir, que, como filósofo que era, siguió íntegramente la auténtica sabiduría conocida en la verdad de Cristo, la cual confirmó con sus costumbres, enseñando lo que afirmaba y defendiéndola con sus escritos. Al presentar al emperador Marco Aurelio, en Roma, su Apología en favor de la religión cristiana, fue conducido ante el prefecto Rústico y, por confesar que era cristiano, fue condenado a la pena capital (s. II).
Ntra. Sra. de la Luz, advocación mariana. Es la patrona de los empleados del gas y de la electricidad. Además es Patrona de Cuenca, su ermita se encuentra junto al río Júcar.
San Aníbal María Di Francia presbítero, que fundó la Congregación de los Rogacionistas del Corazón de Jesús y las Hijas del Celo Divino, para rogar al Señor que dé santos sacerdotes a su Iglesia. (s. XX).
San Caprasio de Lérins solitario, que, juntamente con san Honorato, se retiró a la isla de Lérins y dio comienzo a la vida monástica. (s. V).
San Floro de Arvernia que dio nombre al monasterio que se edificó sobre su tumba, así como a la ciudad y a la sede episcopal.
San Fortunato de Montefalco presbítero, de quien se dice que, siendo pobre, con su trabajo constante ayudó a los desvalidos, y que entregó su vida en favor de los hermanos (s. IV/V).
San Íñigo o Enecón de Oña, abad, varón pacífico, cuya muerte fue llorada también por judíos y musulmanes (s. XI).
San Isquirión oficial del ejército y compañeros mártires también soldados, ue bajo el prefecto Arrio y en tiempo del emperador Decio, por su fe en Cristo fueron muertos de diversas maneras (s. III).
San José Tuc mártir en Tonquín, joven campesino que se negó a pisar la cruz, por lo cual le encarcelaron y martirizaron varias veces, hasta que en tiempo del emperador Tu Duc fue degollado. (s. XIX).
San Próculo de Bolonia mártir, que por su fe cristiana fue crucificado (s. III).
San Ronan de Quimper oriundo de Hibernia (hoy Irlanda), vivió como solitario en los bosques de la región (s. VIII).
San Simeón de Tréveris ermitaño, nacido de padre griego en Siracusa, después de llevar vida eremítica en Belén y en la montaña del Sinaí, finalmente se recluyó en la torre de la Puerta Negra de esa ciudad, donde murió. (s. XI).
San Vistano mártir, que, perteneciente a la estirpe real de Mercia (Inglaterra), por oponerse al matrimonio incestuoso de su madre fue asesinado por la espada del tirano. (s. IX).




























