1 Mayo.Viernes de la IV Semana de Pascua. San José Obrero. Comienza el MES DE MARÍA.
Felicitamos a todos aquellos bautizados en honor al santo del día: José, Jeremías, Amador, Andéolo, Arigio, Asaf, Brieuc, Grata, Marculfo, Orencio, Peregrino, Ricardo, Segismundo, Teodardo, Torcuato, Tesifonte, Esicio, Indalecio, Segundo, Eufrasio, y Cecilio.
Salmo
Tu eres mi Hijo: yo te he engendrado hoy
Evangelio de hoy
Lectura del santo evangelio según san Juan (14,1-6):
EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No se turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no, os lo habría dicho, porque me voy a prepararos un lugar. Cuando vaya y os prepare un lugar, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino».
Tomás le dice:
«Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?».
Jesús le responde:
«Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí».
Palabra del Señor
San José obrero, esposo de la Virgen María, padre nutríceo de Jesús, que con su trabajo remedió las necesidades de María y de Jesús e inició al Hijo de Dios en los trabajos de los hombres. Por esta razón, en este día, en el que se celebra la fiesta del trabajo en muchas partes del mundo, los obreros cristianos honran a san José como modelo y patrono suyo.
San Jeremías profeta, que vivió en tiempo de Joaquim y Sedecías, reyes de Judá. Profetizó la ruina de la Ciudad Santa y la deportación del pueblo, sufriendo muchas persecuciones a causa de ello, por lo que la Iglesia lo considera figura de Cristo sufriente. Predijo, además, que la nueva y eterna Alianza alcanzaría su plenitud en el mismo Cristo Jesús; más aún, que, por medio de él, Dios Padre todopoderoso escribiría su ley en el corazón de los hijos de Israel, a fin de que Él mismo fuese su Dios y ellos fuesen su pueblo. Siempre se ha utilizado su figura para expresar a alguien quejicoso, porque toda su profecía auguraba grandes males y castigos.
San Amador, obispo de Auxerre, que trabajó con empeño para extirpar de su ciudad las supersticiones de los paganos y estableció el culto de los santos mártires. (s. V).
San Andéolo mártir en Viviers, en la Galia.
San Arigio obispo de Gap, que se distinguió por su paciencia en las adversidades, por su celo en enfrentarse a los simoníacos y por su caridad para con los monjes que habían sido enviados desde Roma para evangelizar Inglaterra. (s. VII).
San Asaf, abad y obispo de la sede que después llevó su nombre en Cambria (País de Gales), (s. VI).
San Brieuc obispo y abad, natural de Cambria (País de Gales), quien fundó un monasterio en la costa armórica (Bretaña), que posteriormente fue elevado a la dignidad de sede episcopal (s. V).
Santa Grata, viuda. Variante de Gracia. Santa Grata nació en la Lombardía (Italia).
San Marculfo, ermitaño, y luego monje y abad del monasterio de Nanteuil (s. VI).
San Orencio obispo de Auch, que se esforzó en erradicar de su ciudad las costumbres de los paganos y en procurar la paz entre los romanos y el rey de los visigodos de Tolosa (s. V).
San Peregrino Laziosi, religioso de la Orden de los Siervos de María, que desde su dedicación a la Madre de Dios se distinguió por su amor a Jesucristo y por su solicitud para con los pobres.(s. XIV).
San Ricardo Pampuri quien, en Milán después de haber ejercido en el mundo con gran generosidad su profesión de médico, ingresó en la Orden de San Juan de Dios y, al cabo de casi dos años, descansó piadosamente en el Señor. (s. XX).
San Segismundo rey de los burgundios, el cual, convertido de la herejía arriana a la fe católica, en ese lugar instituyó una comunidad que debía dedicarse sin interrupción a la salmodia ante los sepulcros de los mártires y expió con penitencia, lágrimas y ayunos un crimen que había perpetrado. Más tarde, y en la región de Orleans, fue arrojado a un pozo por sus enemigos. (s. VI).
San Teodardo obispo de Narbona, que restauró su iglesia catedral, sobresalió por su diligente magisterio y, finalmente, minado por la enfermedad, murió en un monasterio, rindiendo su alma a Dios. (s. IX).
Santo Torcuato y compañeros obispo de Acci (hoy Guadix), y otros seis obispos más, que se establecieron en distintas ciudades: Tesifonte, obispo de Bergium (hoy Berja); Esicio, obispo de Carcer (hoy Carcesa); Indalecio, obispo de Urci (hoy Almería); Segundo, obispo de Ábula (hoy Abla); Eufrasio, obispo de Iliturgi (hoy Andújar), y Cecilio, obispo de Illiberis (hoy Elvira, Granada) (s. III/IV).




























