Santoral del 20 de abril. Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor.

    20 de abril. Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor

    Hoy celebran su onomástica los que llevan por nombre: Inés, Anastasio, Crisóforo, Endón, Heliena, Marcelino, Marciano, Secundino, Teodoro y Vihón.


    Salmo

    Éste es el día en que actuó el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo


    Secuencia


    Hoy es obligatorio decir la Secuencia. Los días dentro de la Octava es potestativo.

    Ofrezcan los cristianos
    ofrendas de alabanza
    a gloria de la Víctima
    propicia de la Pascua.

    Cordero sin pecado
    que a las ovejas salva,
    a Dios y a los culpables
    unió con nueva alianza.

    Lucharon vida y muerte
    en singular batalla,
    y, muerto el que es la Vida,
    triunfante se levanta.

    «¿Qué has visto de camino,
    María, en la mañana?»
    «A mi Señor glorioso,
    la tumba abandonada,

    los ángeles testigos,
    sudarios y mortaja.
    ¡Resucitó de veras
    mi amor y mi esperanza!

    Venid a Galilea,
    allí el Señor aguarda;
    allí veréis los suyos
    la gloria de la Pascua.»

    Primicia de los muertos,
    sabemos por tu gracia
    que estás resucitado;
    la muerte en ti no manda.

    Rey vencedor, apiádate
    de la miseria humana
    y da a tus fieles parte
    en tu victoria santa.


    Evangelio de hoy

    Lectura del santo evangelio según san Juan (20,1-9):

    EL primer día de la semana, María la Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro.
    Echó a correr y fue donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo:
    «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto».
    Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; e, inclinándose, vio los lienzos tendidos; pero no entró.
    Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio los lienzos tendidos y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no con los lienzos, sino enrollado en un sitio aparte.
    Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó.
    Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos.

    Palabra del Señor


    San Marcelino de Embrún primer obispo de esta ciudad. Marcelino es celebrado como el primer obispo de Embrún, una pequeña ciudad en los Altos Alpes, en el sudeste de Francia. Fue un sacerdote africano que, junto a dos compañeros (Vicente y Domnino), evangelizo una amplia región de lo que hoy conocemos como el Delfinado. Marcelino fue consagrado obispo por san Eusebio de Vercelli, y sufrió persecución a manos de los arrianos, que lo obligaron a esconderse en las montañas, adonde lo visitaban sus fieles y clero.(s. IV)

    Santa Inés de Montepulciano virgen, que vistió el hábito de las vírgenes a los nueve años, y a los quince, en contra de su voluntad, fue elegida superiora de las monjas de Procene, fundando más tarde un monasterio, sometido a la disciplina de santo Domingo, donde dio muestras de una profunda humildad. (s. XIV).

    San Anastasio de Antioquía obispo y mártir, que durante el reinado del emperador Focas fue asesinado cruelmente por unos sicarios. (s. VII).

    San Crisóforo

    San Endón abad

    Santa Heliena de Laurino virgen, la cual, consolidada en el seguimiento de Cristo, abrazó una vida solitaria, en la que sirvió constantemente a Dios en las necesidades de los religiosos y de los enfermos (s. VII).

    San Marciano de Auxerre monje (s. V).

    San Secundino de Córdoba mártir (s. IV).

    San Teodoro Triquino que fue llamado “Triquino” por el áspero cilicio con que se cubría, y condujo una admirable existencia en la soledad (s. V).

    San Vihón de Frisia obispo, que siendo oriundo de Frisia, fue enviado por el emperador Carlomagno como abad para evangelizar la región y, ordenado obispo de esta Iglesia, tuvo que sufrir mucho por Cristo. (s. IX).