23 de mayo, mes de la Virgen María. Nuestro Señor Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote.

Felicidades a los que se llaman Desiderio, Efebo, Eutiquio, Guiberto, Honorato, Juan Bautista, Miguel, Siagrio y Spes.
Salmo: Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec.
Lectura del santo Evangelio según san Marcos (14, 12a. 22-25):
El primer día de los Ácimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, mientras comían, Jesús tomó pan, y pronunciando la bendición, lo partió y se lo dio diciendo:
«Tomad, esto es mi cuerpo».
Después tomó el cáliz, pronunció la acción de gracias, se lo dio y todos bebieron. Y les dijo:
«Esta es mi sangre de la alianza, que es derramada por muchos. En verdad os digo que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día que beba el vino nuevo en el reino de Dios».
Palabra del Señor
San Desiderio de Langres obispo, de quien se narra que al constatar que su grey era vejada por los vándalos, se dirigió a su rey para suplicar por ella, pero fue condenado a muerte por aquél y se entregó libremente por las ovejas que le habían sido confiadas (s. IV).
San Efebo de Nápoles obispo, que gobernó santamente al pueblo de Dios y le sirvió con fidelidad (s. IV).
San Eutiquio de Nursia abad, que, según narra el papa san Gregorio I Magno, primero llevó vida solitaria con san Florencio y procuró conducir a muchos hacia Dios a través de la exhortación, y luego gobernó santamente un monasterio cercano (s. V).
San Guiberto monje, que, habiendo abandonado sus insignias militares y abrazado la disciplina de la vida monástica, construyó un cenobio en un terreno de su heredad, entrando él mismo en el monasterio de Gorze. (s. X).
San Honorato de Subiaco abad, que gobernó sabiamente el monasterio donde antes había vivido san Benito (s. VI).
San Juan Bautista de Rossi presbítero, que atendió en la Ciudad Santa a los miserables y a los más desfavorecidos, y les imbuyó de santa doctrina. (S. XVIII).
San Miguel de Sinada obispo, el cual, siendo hombre pacífico, favoreció la paz y la concordia entre griegos y latinos, pero fue enviado al exilio lejos de su patria a causa del culto de las imágenes sagradas. (s. IX).
San Siagrio obispo, que edificó un monasterio sobre el sepulcro de san Poncio. (s. VIII).
San Spes de Nursia abad, que durante cuarenta años soportó la ceguera con admirable paciencia (s. VI).





























