23 de mayo, mes de la Virgen María. Sábado de la VII Semana de Pascua.
Felicidades a los que se llaman Desiderio, Efebo, Eutiquio, Guiberto, Honorato, Juan Bautista, Miguel, Siagrio y Spes.
Salmo
Los buenos verán tu rostro, Señor
Evangelio de hoy
Lectura del santo evangelio según san Juan (21,20-25):
En aquel tiempo, Pedro, volviéndose, vio que los seguía el discípulo a quien Jesús tanto amaba, el mismo que en la cena se había apoyado en su pecho y le había preguntado: «Señor, ¿quién es el que te va a entregar?»
Al verlo, Pedro dice a Jesús: «Señor, y éste ¿qué?»
Jesús le contesta: «Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿a ti qué? Tú sígueme.»
Entonces se empezó a correr entre los hermanos el rumor de que ese discípulo no moriría. Pero no le dijo Jesús que no moriría, sino: «Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿a ti qué?» Éste es el discípulo que da testimonio de todo esto y lo ha escrito; y nosotros sabemos que su testimonio es verdadero. Muchas otras cosas hizo Jesús. Si se escribieran una por una, pienso que los libros no cabrían ni en todo el mundo.
Palabra del Señor
San Desiderio de Langres obispo, de quien se narra que al constatar que su grey era vejada por los vándalos, se dirigió a su rey para suplicar por ella, pero fue condenado a muerte por aquél y se entregó libremente por las ovejas que le habían sido confiadas (s. IV).
San Efebo de Nápoles obispo, que gobernó santamente al pueblo de Dios y le sirvió con fidelidad (s. IV).
San Eutiquio de Nursia abad, que, según narra el papa san Gregorio I Magno, primero llevó vida solitaria con san Florencio y procuró conducir a muchos hacia Dios a través de la exhortación, y luego gobernó santamente un monasterio cercano (s. V).
San Guiberto monje, que, habiendo abandonado sus insignias militares y abrazado la disciplina de la vida monástica, construyó un cenobio en un terreno de su heredad, entrando él mismo en el monasterio de Gorze. (s. X).
San Honorato de Subiaco abad, que gobernó sabiamente el monasterio donde antes había vivido san Benito (s. VI).
San Juan Bautista de Rossi presbítero, que atendió en la Ciudad Santa a los miserables y a los más desfavorecidos, y les imbuyó de santa doctrina. (S. XVIII).
San Miguel de Sinada obispo, el cual, siendo hombre pacífico, favoreció la paz y la concordia entre griegos y latinos, pero fue enviado al exilio lejos de su patria a causa del culto de las imágenes sagradas. (s. IX).
San Siagrio obispo, que edificó un monasterio sobre el sepulcro de san Poncio. (s. VIII).
San Spes de Nursia abad, que durante cuarenta años soportó la ceguera con admirable paciencia (s. VI).




























