25 de mayo, mes de la Virgen María. María Madre de la Iglesia.
Felicidades a los que se llaman Beda, Gregorio, María Magdalena, Aldelmo, Canión, Dionisio (por partida doble), Genadio, León, Magdalena, Pedro y Zenobio.
Salmo
¡Qué pregón tan glorioso para ti, ciudad de Dios!
Evangelio de hoy
Lectura del santo Evangelio según san Juan (19, 25-34):
Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena. Jesús, al ver a su madre y junto a ella al discípulo al que amaba, dijo a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo».
Luego, dijo al discípulo: «Ahí tienes a tu madre».
Y desde aquella hora, el discípulo la recibió como algo propio.
Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba cumplido, para que se cumpliera la Escritura, dijo: «Tengo sed».
Había allí un jarro lleno de vinagre. Y, sujetando una esponja empapada en vinagre a una caña de hisopo, se la acercaron a la boca.
Jesús, cuando tomó el vinagre, dijo: «Está cumplido». E, inclinando la cabeza, entregó el espíritu.
Los judíos entonces, como era el día de la Preparación, para que no se quedaran los cuerpos en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día grande, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y que los quitaran. Fueron los soldados, le quebraron las piernas al primero y luego al otro que habían crucificado con él; pero al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados, con la lanza, le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua.
Palabra del Señor
San Beda el Venerable presbítero y doctor de la Iglesia, el cual, servidor de Cristo desde la edad de ocho años, pasó todo el tiempo de su vida en el monasterio de Wearmouth, en Northumbria, en Inglaterra. Se dedicó con fervor en meditar y exponer las Escrituras, y entre la observancia de la disciplina regular y la solicitud cotidiana de cantar en la iglesia, sus delicias fueron siempre estudiar, o enseñar, o escribir. A el debemos la “Historia Eclesiástica del Pueblo Inglés”, es patrón de los historiadores. (s. VIII).
San Gregorio VII papa, anteriormente llamado Hildebrando, llevó vida monástica y colaboró en la reforma de la Iglesia en numerosas legaciones pontificias de su tiempo, y una vez elevado a la cátedra de Pedro, reivindicó con gran autoridad y fuerte ánimo la libertad de la Iglesia respecto del poder de los príncipes y defendió valientemente la santidad del sacerdocio. Viéndose obligado a abandonar Roma por este motivo, murió en el exilio en Salerno, de la Campania. (s. XI).
Santa María Magdalena de Pazzi, virgen de la Orden del Carmelo, en Florencia, de la Toscana, que llevó una vida de oración abnegadamente escondida en Cristo, orando con empeño por la reforma de la Iglesia, y habiendo sido distinguida por Dios con muchos dones, dirigió de un modo excelente a sus hermanas hacia la perfección (s. XVII).
San Aldelmo obispo, quien, varón célebre por su doctrina y escritos, había sido abad de Malmesbury y después fue nombrado primer obispo de Sherborne, entre los sajones occidentales. (s. VIII).
San Canión de Atela obispo y mártir (s. III/IV).
San Dionisio de Milán obispo, el cual, habiendo sido desterrado a Armenia por el emperador arriano Constancio a causa de su fe católica, murió allí mereciendo el título propio de los mártires (s. IV).
San Dionisio Ssebuggwawo mártir, el cual, a los dieciséis años de edad, al reconocer ante el rey Mwanga que había enseñado los rudimentos de la fe cristiana a dos personas de su corte, fue traspasado con una lanza por el mismo rey. (s. XIX).
San Genadio de Astorga obispo de la Diócesis de Astorga del 909 al 919, que antes fue abad y después obispo del mismo lugar. Prestó su consejo a los reyes, pero movido por el deseo del claustro, renunció a la dignidad episcopal para vivir el resto de sus años como monje y a veces como solitario. (s. X).
San León de Troyes abad (s. VII).
Santa Magdalena Sofía Barat virgen, que fundó la Sociedad del Sagrado Corazón y trabajó muy afanosamente por la formación cristiana de las jóvenes. (s. XIX).
San Pedro Doan Van Van mártir, catequista y administrador de la parroquia de Bau No, quien, ya octogenario, en tiempo del emperador Tu Duc confirmó con su sangre la constancia de su fe. (s. XIX).
San Zenobio obispo de Florencia. Amigo de San Ambriosio de Milán, consejero de San Dámaso I papa, trabajó con San Eugenio y San Crescencio. (s. V).




























