La noche del pasado sábado el Teatro Auditorio vivió una de esas noches mágicas en las que el arte llena el alma de artistas y público. La III Gala Lírica “Noche de Arias y Romanzas” dejó ver por tercer año consecutivo el talento de seis profesionales del canto y el piano que están triunfando por toda España con distintos montajes operísticos y de zarzuela.
La soprano Ángela Cano, el tenor Javier Benito, los barítonos José Manuel Padilla y Pedro Jesús Cano, y el pianista José María García (la soprano Alicia Hervás no pudo actuar por un problema de salud) hicieron las delicias de un público respetuoso y entregado que les ovacionó en cada una de sus brillantes intervenciones.

Una primera parte donde se escucharon arias de ópera y canción napolitana, y una segunda con la zarzuela como protagonista dieron forma a una extraordinaria gala con exigentes piezas cantadas de manera individual, en pareja o en grupo.
El coro de introducción de la ópera “Cavalleria rusticana” fue la elegante presentación de todos los artistas. El primero en enfrentarse en solitario al público fue José Manuel Padilla que supo transmitir el lamento por el rechazo de la mujer amada que es “Core ‘ngrato”, una canción napolitana de Salvatore Cardillo.
Todos ocuparon de nuevo el escenario para cautivar al público con una pieza conocida por todos, la composición de Leonard Cohen, “Hallelujah”.

Uno de los momentos más emotivos de la primera parte fue la dramática interpretación de Ángela Cano al convertirse en Leonora, la desdichada protagonista de “La fuerza del destino”, que canta "Pace, pace mio Dio".
Seguidamente, dos bellísimas canciones napolitanas embelesaron al respetable: “Parlami d’amore, Mariu” en la firme voz de Pedro Jesús Cano, y “Non ti scordar di me” en la dulce tesitura de Javier Benito.
Después, la traición y la “vendetta” tomaron el escenario al cantar con sobriedad e ímpetu los hermanos Cano el aria “Oh, il signore, vi manda” de la ópera “Cavalleria rusticana”.

El cierre de la primera parte de la gala vino con uno de los coros más famosos de la historia de la ópera: “Va, pensiero” de la ópera “Nabucco” escrita por Giuseppe Verdi. El pesar del pueblo hebreo al perder su patria lo interpretaron con dulzura y sensibilidad los cuatro artistas, los cuales estuvieron acompañados por dos espectadores (compañeros del Coro Quercus Robur) que recogieron el guante lanzado por Padilla invitándoles a cantar con ellos.
Como ya es tradición, el interludio lo protagonizó el maestro García Bonillo quien al piano emocionó interpretando magistralmente dos marchas de Semana Santa. Un guiño muy apreciado por la Cofradía organizadora del concierto. “Triana de Esperanza” y “Ante Pilatos, el Hijo de Dios” evocaron días de pasión, muerte y resurrección.

Zarzuela
De la zarzuela “Los Gavilanes” fueron las dos primeras romanzas cantadas en el segundo acto. Javier, Pedro Jesús, Ángela y José Manuel nos trasladaron a la playa de un pueblo de la Provenza francesa al cantar “Pescador en tu playa te alejas”. Después el matrimonio Cano-Padilla brilló al representar el reencuentro de Adriana y Juan, los protagonistas de esta zarzuela de Jacinto Guerrero.

Javier Benito como buen vagabundo deambuló entre el público cantando “Canción húngara” de la zarzuela “Alma de Dios”, una canción conocida también como “vagabundo errante”; y el siguiente número, en este caso coral, trajo a Socuéllamos la cadencia del mar gracias a la habanera “Todas las mañanitas”.
José Manuel Padilla se recreó y disfrutó interpretando “Junto al puente de la peña”, una romanza de “La canción del olvido”. Como buen Capitán Leonello marcó perfectamente el paso sobresaliendo al cantar a la primorosa clavellina.

Dos números de la zarzuela de Federico Moreno Torroba, “María Manuela”, fueron a continuación interpretados por los hermanos Cano Alcolea. Ángela se preguntaba entristecida “¿Por qué se ha de mentir a la gente?", y Pedro Jesús piropeó castizamente al respetable al bordar “Piropo madrileño”. En ésta última romanza, la concejal de Cultura, Salomé Carrión fue la pareja de baile de Cano en el puente instrumental, mientras sus compañeros y la presentadora, Loreto Salmerón, también bailaban siguiendo el compás del pianista.

La grandiosa noche musical tuvo un cierre espectacular con “Gran jota” de la zarzuela de Tomás Bretón “La Dolores”, que en esta ocasión no estaba en Calatayud sino en La Mancha. Todos pusieron al público en pie con este clásico español. El sonido impecable del piano y la vibrante interpretación de los cantantes, tuvo un perfecto complemento con el repiquetear de las castañuelas y la elegancia bailando de Joaquín Ángel Munera, vicepresidente de la “Sangre de Cristo”.

El público ovacionó en pie durante varios minutos a los artistas que ofrecieron uno de los mejores espectáculos vistos en el “Reina Sofía”. Los cientos de personas que ocuparon los sillones quedaron encantados con el concierto, y en muchos casos sorprendidos al desconocer la valía de sus paisanos.
Tanto la organización -alabada por los asistentes- como los artistas mostraron su satisfacción por haber cumplido el principal objetivo: que los socuellaminos disfrutaran con la lírica. Ya están pensando en la cuarta gala. Mientras el público responda como ayer, llenando el teatro, la lírica sonará en Socuéllamos.
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