Misa de la Cena del Señor en la Parroquia de la Asunción

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Ayer, Jueves Santo, 2 de abril, a las 18:00 horas, se celebró en el templo parroquial de Nuestra Señora de la Asunción de Socuéllamos la Misa de la Cena del Señor, una de las celebraciones más significativas del calendario litúrgico. La Eucaristía estuvo presidida por el párroco don Rafael Ruiz Mateos.

Durante la celebración tuvo lugar el tradicional rito del Lavatorio de los pies, en el que participaron miembros de las distintas cofradías de Socuéllamos en representación de los apóstoles, escenificando así el gesto de servicio y humildad de Cristo hacia sus discípulos.

Al término de la Misa se procedió a la preparación del Monumento, espacio especialmente dispuesto en el templo para la reserva del Santísimo Sacramento y la adoración de los fieles.

La Misa del Jueves Santo, conocida como la Misa de la Cena del Señor, marca el inicio del Triduo Pascual, el periodo más importante del año litúrgico en la Iglesia católica. En esta celebración se conmemoran tres momentos fundamentales: la institución de la Eucaristía, la institución del sacerdocio y el lavatorio de los pies, símbolo del mandamiento del amor y el servicio.

A lo largo de la liturgia, el ambiente evoluciona desde la solemnidad inicial hacia un tono de mayor recogimiento. Tras la comunión, se desarrolla uno de los momentos más significativos: el traslado del Santísimo Sacramento al Monumento. Este lugar representa el espacio en el que Jesús ora en el Huerto de los Olivos antes de su pasión, quedando allí reservado para la adoración.

La retirada de los manteles del altar y su posterior despojo poseen un profundo simbolismo. El altar, que representa a Cristo, es desnudado como signo de la humillación y el abandono que sufrió antes de su crucifixión. Este gesto refleja también el despojo de su dignidad, anticipando su pasión y muerte. Por ello, el altar queda completamente vacío, sin manteles, velas ni adornos, mostrando la ausencia y el dolor de la Iglesia en estos momentos.

Por su parte, el Monumento no es solo un elemento ornamental, sino un espacio de oración y acompañamiento. Los fieles acuden a velar al Santísimo, recordando las palabras de Jesús: “quedaos aquí y velad conmigo”. De este modo, la Iglesia invita a vivir una experiencia de silencio, contemplación y recogimiento, acompañando espiritualmente a Cristo en las horas previas a su pasión.

El Monumento en Socuéllamos es custodiado contínuamente día y noche por penitentes vestidos con la túnica de los Crucíferos de la Caridad con el rostro oculto y portando una cruz en turnos de media hora, para que el Señor no esté en ningún momento solo.

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Ayer, Jueves Santo, 2 de abril, a las 18:00 horas, se celebró en el templo parroquial de Nuestra Señora de la Asunción de Socuéllamos la Misa de la Cena del Señor, una de las celebraciones más significativas del calendario litúrgico. La Eucaristía estuvo presidida por el párroco don Rafael Ruiz Mateos.

Durante la celebración tuvo lugar el tradicional rito del Lavatorio de los pies, en el que participaron miembros de las distintas cofradías de Socuéllamos en representación de los apóstoles, escenificando así el gesto de servicio y humildad de Cristo hacia sus discípulos.

Al término de la Misa se procedió a la preparación del Monumento, espacio especialmente dispuesto en el templo para la reserva del Santísimo Sacramento y la adoración de los fieles.

La Misa del Jueves Santo, conocida como la Misa de la Cena del Señor, marca el inicio del Triduo Pascual, el periodo más importante del año litúrgico en la Iglesia católica. En esta celebración se conmemoran tres momentos fundamentales: la institución de la Eucaristía, la institución del sacerdocio y el lavatorio de los pies, símbolo del mandamiento del amor y el servicio.

A lo largo de la liturgia, el ambiente evoluciona desde la solemnidad inicial hacia un tono de mayor recogimiento. Tras la comunión, se desarrolla uno de los momentos más significativos: el traslado del Santísimo Sacramento al Monumento. Este lugar representa el espacio en el que Jesús ora en el Huerto de los Olivos antes de su pasión, quedando allí reservado para la adoración.

La retirada de los manteles del altar y su posterior despojo poseen un profundo simbolismo. El altar, que representa a Cristo, es desnudado como signo de la humillación y el abandono que sufrió antes de su crucifixión. Este gesto refleja también el despojo de su dignidad, anticipando su pasión y muerte. Por ello, el altar queda completamente vacío, sin manteles, velas ni adornos, mostrando la ausencia y el dolor de la Iglesia en estos momentos.

Por su parte, el Monumento no es solo un elemento ornamental, sino un espacio de oración y acompañamiento. Los fieles acuden a velar al Santísimo, recordando las palabras de Jesús: “quedaos aquí y velad conmigo”. De este modo, la Iglesia invita a vivir una experiencia de silencio, contemplación y recogimiento, acompañando espiritualmente a Cristo en las horas previas a su pasión.

El Monumento en Socuéllamos es custodiado contínuamente día y noche por penitentes vestidos con la túnica de los Crucíferos de la Caridad con el rostro oculto y portando una cruz en turnos de media hora, para que el Señor no esté en ningún momento solo.

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