'VIRGEN DE LORETO' Poesía de Juan Izquierdo

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VIRGEN DE LORETO


Virgen, Virgen de Loreto,
perla nacida de mujer,
que llevaste en tu seno
al Cristo del Gran Poder.


Virgen de la tierra mía,
que con tu manto amparas,
danos tu fuerza, tu luz y ternura,
guíanos siempre en la noche oscura.


Ojos tienes de diamante blanco,
con ellos nos dices: “Adelante,
no tengas nunca miedo;
si te quiebras y caes, yo te levanto”.

Ante la gran procesión
que sigue tus pasos, Virgen mía,
tiembla mi voz al declarar
mi eterna devoción, Virgen María.


El pueblo te venera,
y siempre tú nos proteges,
cuando el sufrimiento se derrama
y el dolor crece, crece y crece.

Mi madre, cuando vivía,
en ti hallaba esperanza, María;
llevaba tu mismo nombre
y en tus brazos la sostenías.


Cuántas veces te pedimos
por la ventana de la ermita:
danos tú fuerza, danos luz,
para poder llevar nuestra cruz.


Tú, que llorabas lágrimas,
lágrimas de sangre,
viendo a tu Hijo morir,
sufriendo como una madre.

Sé madre nuestra, ahora;
sé madre nuestra, siempre.
Hincando las rodillas,
te lo pedimos humildemente.


Virgen que alzas las alas,
a quien se entregan al vuelo,
sé camino en la esperanza,
sé refugio y consuelo.

Desde arriba, con tus manos,
cuida de pilotos y aviones.
Y en la tierra llana de este pueblo,
da esperanza a nuestros corazones.


La enfermedad, la pobreza,
el dolor del cuerpo y del alma,
son parte de nuestras vidas,
cuídanos, alivia nuestras heridas.


Virgen, Virgen de Loreto,
Virgen de cielo y camino,
ampara siempre a tu pueblo,
a tu pueblo socuellamino.

Virgen, Virgen de Loreto,
perla nacida de mujer,
que llevaste en tu seno
al Cristo del Gran Poder.


A mi Pueblo y al Ejército del Aire.

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Virgen, Virgen de Loreto,
perla nacida de mujer,
que llevaste en tu seno
al Cristo del Gran Poder.


Virgen de la tierra mía,
que con tu manto amparas,
danos tu fuerza, tu luz y ternura,
guíanos siempre en la noche oscura.


Ojos tienes de diamante blanco,
con ellos nos dices: “Adelante,
no tengas nunca miedo;
si te quiebras y caes, yo te levanto”.

Ante la gran procesión
que sigue tus pasos, Virgen mía,
tiembla mi voz al declarar
mi eterna devoción, Virgen María.


El pueblo te venera,
y siempre tú nos proteges,
cuando el sufrimiento se derrama
y el dolor crece, crece y crece.

Mi madre, cuando vivía,
en ti hallaba esperanza, María;
llevaba tu mismo nombre
y en tus brazos la sostenías.


Cuántas veces te pedimos
por la ventana de la ermita:
danos tú fuerza, danos luz,
para poder llevar nuestra cruz.


Tú, que llorabas lágrimas,
lágrimas de sangre,
viendo a tu Hijo morir,
sufriendo como una madre.

Sé madre nuestra, ahora;
sé madre nuestra, siempre.
Hincando las rodillas,
te lo pedimos humildemente.


Virgen que alzas las alas,
a quien se entregan al vuelo,
sé camino en la esperanza,
sé refugio y consuelo.

Desde arriba, con tus manos,
cuida de pilotos y aviones.
Y en la tierra llana de este pueblo,
da esperanza a nuestros corazones.


La enfermedad, la pobreza,
el dolor del cuerpo y del alma,
son parte de nuestras vidas,
cuídanos, alivia nuestras heridas.


Virgen, Virgen de Loreto,
Virgen de cielo y camino,
ampara siempre a tu pueblo,
a tu pueblo socuellamino.

Virgen, Virgen de Loreto,
perla nacida de mujer,
que llevaste en tu seno
al Cristo del Gran Poder.


A mi Pueblo y al Ejército del Aire.

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