Socuéllamos, 3 de abril de 2026
La noche del Viernes Santo volvió a convertirse en uno de los momentos más sobrecogedores de la Semana Santa de Socuéllamos, con la celebración de la tradicional Procesión del Santo Entierro, en la que participaron las distintas cofradías y hermandades de la localidad, acompañando al Cristo Yacente en un desfile marcado por el respeto, el silencio y la devoción.
Este desfile procesional, considerado uno de los más representativos del calendario cofrade socuellamino, reunió a numerosas imágenes de la Pasión que recorrieron las calles del municipio en un ambiente de profundo recogimiento. Las hermandades, ataviadas con sus hábitos característicos, acompañaron a sus respectivos pasos en un cortejo ordenado que simboliza el duelo por la muerte de Cristo.
La procesión del Santo Entierro destaca por su carácter unitario, en el que todas las cofradías confluyen en un mismo desfile, reforzando el sentido de comunidad y tradición que define la Semana Santa local. “Es el momento más solemne de cuantos se viven durante la Semana Santa, donde el respeto y el silencio se convierten en protagonistas”, señalan fuentes cofrades.
Como gran novedad en este año 2026, la organización introdujo un cambio significativo en el desarrollo del desfile: todos los pasos, a excepción del correspondiente al Santo Entierro, realizaron su salida desde la Casa de la Encomienda, utilizando las portadas con acceso a la calle Cruces Bajas. Esta modificación ha supuesto una reconfiguración logística de la procesión, aportando una nueva perspectiva al inicio del recorrido y facilitando la organización de las salidas.
Por su parte, el paso del Santo Entierro mantuvo su salida tradicional, preservando así uno de los elementos más emblemáticos de esta procesión. La combinación de tradición e innovación ha marcado una edición que ha sido especialmente valorada tanto por participantes como por asistentes.
Según un investigador, este Viernes Santo, 3 de abril, coincidiría con la fecha de la muerte histórica de Jesús
En este contexto de recogimiento, surge también una de las cuestiones históricas más debatidas en torno a la figura de Jesús: la fecha exacta de su muerte. Diversos estudios, como los expuestos por Jimmy Akin, permiten acotar este momento con bastante precisión a partir de fuentes históricas y bíblicas.
Los Evangelios sitúan la crucifixión bajo la autoridad del sumo sacerdote Caifás, en funciones entre los años 18 y 36 d.C., y durante el gobierno del prefecto romano Poncio Pilato, que ejerció entre el 26 y el 36 d.C. A estos datos se suma la referencia del Evangelio de Lucas al año 15 del emperador Tiberio César, que sitúa el inicio del ministerio de Jesús en torno al año 29 d.C., acotando así su muerte entre ese año y el 36 d.C.
Además, los relatos coinciden en que Jesús murió en viernes, el llamado “día de preparación”, y durante la celebración de la Pascua judía. Dentro de ese intervalo de años, solo dos fechas cumplen estas condiciones: el 7 de abril del año 30 d.C. y el 3 de abril del 33 d.C. Sin embargo, la mención de tres Pascuas en el Evangelio de Juan sugiere que el ministerio de Jesús se prolongó durante más de dos años, lo que descarta la primera opción.
A ello se añade la referencia a la “hora novena”, en torno a las tres de la tarde, como momento de su muerte. “Esto nos permite reducir el tiempo de la muerte de Jesús a un punto muy concreto de la historia: en torno a las 3:00 p.m. del viernes 3 de abril del 33 d.C.”, concluye Jimmy Akin.
De este modo, mientras las calles de Socuéllamos reviven cada Viernes Santo el recuerdo de la Pasión y Muerte de Cristo, la tradición y la investigación histórica convergen para situar ese acontecimiento en un instante preciso del pasado, reforzando aún más el significado de una de las celebraciones más arraigadas en la localidad.















































































