Durante décadas, la laguna de La Celadilla, ubicada a escasos tres kilómetros del municipio de El Pedernoso en dirección a Las Mesas, fue mucho más que un simple humedal en la provincia de Cuenca. Este paraje kárstico de unas ocho hectáreas se convirtió en el epicentro del ocio estival para los vecinos de toda la comarca, con una especial afluencia de familias llegadas desde Socuéllamos. Hoy, tras años ofreciendo un paisaje desolador marcado por la sequía, las recientes lluvias han devuelto una pequeña lámina de agua a su lecho, despertando la nostalgia y la esperanza de su recuperación.
La historia de este enclave es rica y fascinante. A mediados del siglo diecinueve, la fama de La Celadilla comenzó a extenderse por toda La Mancha. Sus aguas, ricas en salitre, y la vegetación subacuática producían unos lodos reconocidos por sus propiedades medicinales, muy recomendados para tratar dolencias de la piel y problemas musculares o reumáticos. Durante las décadas de los setenta, ochenta y noventa, la laguna vivió su época dorada. Se construyeron viviendas unifamiliares en sus riberas y hasta un camping, convirtiéndose en un hervidero de convivencia y recreo popular de primer orden.
"Era nuestro refugio perfecto contra los rigores del verano manchego, veníamos en familia a bañarnos, a merendar y a disfrutar de sus lodos terapéuticos", recuerda con añoranza un veterano vecino de la localidad de Socuéllamos. Tal fue su impacto paisajístico y cultural que, en el año mil novecientos ochenta, la reconocida cineasta Pilar Miró eligió este entorno para grabar varias escenas de su célebre película El crimen de Cuenca.
Sin embargo, el cambio de milenio trajo consigo el declive. La sobreexplotación del Acuífero 23, sumada a la intensa presión agrícola y a la escasez de precipitaciones, provocaron un descenso drástico del nivel freático. El agua procedente de sus aportes naturales desapareció y el paraje se transformó en un secarral, perdiendo gran parte de su flora y fauna autóctona. Ante esta situación límite, a lo largo de los últimos años han surgido diversos proyectos de restauración ambiental impulsados por el Ayuntamiento de El Pedernoso y empresas del sector, con el objetivo de dotar a la zona de un vaso mínimo de agua, recuperar su esplendor natural y reconvertirlo en un espacio sostenible de educación ecológica.
Recientemente, las abundantes lluvias de las últimas semanas han regalado a la comarca una estampa que muchos creían olvidada para siempre: el agua vuelve a reflejar el cielo en la cubeta de La Celadilla. Los expertos advierten, no obstante, que este pequeño avance no garantiza su salvación definitiva y que el equilibrio hídrico de la zona sigue siendo extremadamente frágil. "Esta recarga hídrica es un primer paso ilusionante, pero la vuelta al estado original será muy difícil si no se acometen medidas de protección y conservación a largo plazo", advierten las publicaciones especializadas sobre la recuperación de los humedales manchegos.
El incalculable valor ecológico, histórico y sentimental de La Celadilla permanece intacto en la memoria colectiva de los habitantes de El Pedernoso, Las Mesas y Socuéllamos. Su renacer, por tímido que sea, supone una oportunidad inmejorable para reflexionar sobre la gestión de nuestros recursos hídricos y la urgencia de proteger aquellos paisajes que, en su día, forjaron la identidad y la vida social de nuestra tierra.
































